Durante muchos años ignorada por los viajeros que no aman el vino, Burdeos está ya en el radar de todo el mundo. Mucho más después de que en 2007 se declarara Patrimonio de la Humanidad a todo su centro histórico, un pequeño París portuario que tiene todo lo que la gente culta y disfrutona busca.
TEXTO Y FOTOS: JOSÉ MARÍA DE PABLO

Puerta Cailhau.
Estratégicamente ubicada en el estuario del río Garona con acceso directo al océano Atlántico, Burdeos es sin duda el gran centro comercial del sudoeste de Francia. Lo fue en el medievo, cuando desde su puerto fluvial salía barcos con las bodegas cargadas de toneles del mejor vino bordelés con destino al Reino Unido y los Países Bajos, pero también durante la Ilustración, cuando recibía barcos cargados de productos importados de las colonias americanas, incluso se enriqueció con el tráfico de esclavos africanos en su camino hacia el Nuevo Continente.
Todo este trajín comercial, con sus luces y sombras, nos ha regalado un conjunto histórico prácticamente intacto que ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, al que, entre otros alicientes, hay que sumar una oferta de ocio única a menos de dos horas de la frontera de Irún.
Desde la Edad Media Burdeos fue conocida con el sobrenombre de Puerto de la Luna. El motivo, el meandro del Garona sobre el que se asienta, un cuarto creciente que luce en el escudo de la ciudad junto al emblema de Ricardo Corazón de León, legendario rey inglés cuyos dominios incluyeron el Ducado de Aquitania.
De esta época tan lejana pocos restos quedan más allá de iglesias como la Catedral de Saint-André, construida en un estilo gótico suficientemente glamoroso como para acoger bodas reales o contar uno de los órganos más altos de Francia. Su campanario exento, también medieval, está abierto a las visitas, así que quienes se atrevan con sus 233 escalones podrán obtener una gran panorámica de los tejados de Burdeos.
La gran mayoría de los 350 edificios protegidos no corresponden a esta época sino a su época dorada, el siglo XVIII, cuando se levanta una ciudad neoclásica que, según la Unesco, “refleja el triunfo de los ideales de los filósofos del Siglo de las Luces, que aspiraban a hacer de las ciudades verdaderos crisoles del humanismo, la universalidad y la cultura”.
Para descubrir todo esto podemos seguir el circuito señalizado o bien perdernos e ir descubriendo a nuestro pasos algunas de estas joyas. El clásico punto de partida suele ser la Place des Quinconces, donde además de la oficina de turismo se ubica el Monumento a los Girondins, una fuente escultórica de 43 metros de altura que homenajea a los diputados locales víctimas del periodo del Terror posterior a la Revolución Francesa.
Cada esquina del tour nos va revelando pinceladas de la fascinante historia de Burdeos. Por ejemplo, en la Maison Gobineau descubrimos que antes de acoger la Sede del Consejo Interprofesional del Vino de Burdeos y un bar de vinos con cientos de referencias, fue un cine y un concesionario de Citroên. Casi enfrente está el Gran Teatro, sede de importantes compañías, cuya escalera monumental inspiró la de la Ópera Garnier de París.
La ruta prosigue entre iglesias de todos los estilos, elegantes plazas, palacios, “hoteles particulares” y torres medievales como la Puerta Cailhau o la de Grosse Cloche, equipada con una enorme campana que solo toca en contadas ocasiones. Ambas puertas formaron parte de la muralla medieval que hasta la renovación dieciochesca encerraba la ciudad.
El remate de este paseo es la Place de la Bourse, primera plaza abierta del mundo donde se ubican algunas de las instituciones económicas más importantes. Los tres lados de la plaza y sus elegantes edificios miran y abrazan al Garona, fuente de toda la riqueza bordelesa.
Para darle aún más fuerza a su belleza, un espejo de agua de 3.450 m2, y por lo tanto, el más grande del mundo, convoca cada día a cientos de personas dispuestas a hacer la foto más original de esta obra maestra de Jean-Max Llorca, diseñador de fuentes de prestigio mundial.
Tiendas y mercados
Amadisimos bares, restaurantes llenos y llamativas tiendas de todo tipo ocupan los locales comerciales del Centro Histórico. Una de sus arterias principales, la rue St.Catherine, presume de ser la calle peatonal más larga del mundo con sus 1,2 kilómetros. Al margen de esta calle, donde es posible encontrar las grandes marcas de moda habituales en todo el mundo, se recomienda salir de ahí y callejear para toparse al azar con encantadores callejuelas llenas de pequeñas boutiques donde comprar productos gourmet, ropa o joyas muy originales.
Mención aparte merecen los mercados, especialmente el Marché des Capucins, un lugar renovado aunque con cientos de años a sus espaldas en el que se respira vida por los cuatro costados. Los puestos en sí ya son llamativos, llenos del mejor producto cultivado en las cercanías, incluyendo las deliciosas ostras traídas de la vecina Arcachon.
El sábado por la mañana es el día más animado, ya que son muchos los bordeleses que se acercan hasta aquí a hacer la compra, pero también a disfrutar de un copioso y económico almuerzo o de una botella de vino tranquilamente degustada mientras se observa el trajín de parroquianos y trabajadores del mercado.
A solo unos metros de aquí, a la sombra de la basílica gótica de St.Michel (de visita recomendada), se celebra un rastro de antigüedades conocido como Marché Royal, que tiene lugar cuatro días a la semana (de domingo a martes y el jueves). Es el lugar ideal para encontrar todo tipo de objetos curiosos, incluso mobiliario.
A pesar de que Burdeos solo tiene 260.000 habitantes (y un área metropolitana de 1,3 millones), se trata de una ciudad muy extensa, así que para ampliar horizontes y hacerlo ágilmente, podemos tomar alguno de los barcos de servicio público que recorren las orillas del Garona.

Monumento a los Girondinos.
Cruzando el puente Pierre, el más antiguo de todos los que existen, llegamos a la terminal de ferry Stalingrad, desde donde navegaremos tierra adentro en dirección a la novísima Cité du Vin, un centro de interpretación inmersivo del mundo del vino construído junto al espectacular puente levadizo Jacques-Chaban-Delmas.
Antes de llegar a destino o a la vuelta podremos parar en Les Hangars, almacenes portuarias rehabilitados como centro comercial; o en Bastide Darwin, cuya terminal está a tiro de piedra del centro cultural alternativo Darwin Ecosysteme, una nave industrial reutilizada para uso y disfrute de los aficionados a la escena urbana, principalmente el arte y el skating.
Para finalizar nuestro paso por Burdeos, podemos pasear por el Port de Plaisance des Bassins, una marina deportiva situada junto a la Cité du Vin, donde además de barcos atracados y grandes discotecas en sus orillas encontramos una de las cinco bases de submarinos construidas por los nazis en la costa atlántica durante la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad este espacio de dimensiones mastodónticas se usa para proyecciones inmersivas bajo la denominación de Bassins des Lumières, pero en sí mismo merece una visita por la carga que estas moles de hormigón tienen en la memoria histórica europea.
Más información en la web oficial de Turismo de Burdeos.
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